18 de febrero de 2013

Dredd (2012)

No puedo decir que me arrepienta de haber esperado a la salida de Dredd en DVD y Blu-ray, y de no haberla visto en el cine, porque sería mentira. Con el precio al que están las entradas hoy día, hay que ser muy selectivo con las películas, o de lo contrario, antes de que puedas darte cuenta, te encuentras pidiendo limosna en las calles con un cartel en el que dice "Para más palomitas" en mayúsculas y con faltas de ortografía.

Es una pena, sin embargo, que con un presupuesto de algo más de 45 millones de dólares, Dredd recaudase solo 30 en taquilla, porque es mi película de acción favorita de 2012. O lo sería si descartasemos factores como pueden ser un reparto más carismático, efectos especiales impresionantes o un guión complejo. Lo más parecido a Dredd que he visto últimamente es Redada asesina, pero ésta se estrenó en 2011 y, por lo tanto, no estoy obligado a escoger entre ellas. ¡Eh, yo no inventé las reglas!

Vale, sí, lo hice. Pero eso es irrelevante.

Lo anterior quiere decir que, como arquetipo del género, Dredd me ha gustado más que Los mercenarios 2, Skyfall y las dos grandes producciones superheroicas del año pasado: Los Vengadores y El Caballero Oscuro: La leyenda renace. ¿O eran tres? No importa. Solo estoy intentando batir el récord de enlaces a mi propio blog en un solo párrafo. Por cierto, ¿leísteis mi último especial de San Valentín? ¡¿No?! Bueno, vosotros sabréis.

La historia de Dredd nos lleva a las grises y sucias calles de Mega City 1, un oasis urbano en medio de un desierto postapocalíptico donde las ruinas del pasado se ocultan bajo las sombras de las súper estructuras digitales del presente y, según las estadísticas, se cometen un 94% más de delitos graves de los que se pueden detener (mirándolo por el lado bueno, al menos allí, cuando pillan a un criminal, le condenan, no como aquí, que le mandan a casa con un "Ah, pillín, más que pillín").

Joseph Dredd es uno de los agentes más temidos y respetados de los llamados Jueces, un cuerpo de élite con potestad para fruncir mucho los labios, velar por el cumplimiento de la ley y enjuiciar y sentenciar a los criminales en el acto.

Cuando a Dredd le asignan a una novata con poderes psíquicos para que la evalúe sobre el terreno (no va con segundas; en su tiempo libre, Dredd lee el Código Penal), ambos se ven atrapados en un bloque de 200 pisos gobernado por la banda criminal de Ma-Ma, una ex prostituta despiadada que realiza orquiectomías a pelo y controla el comercio del Slow-Mo, una sustancia psicotrópica que hace que lo veas todo a cámara extremadamente lenta.

Tiros y hostias, para que nos entendamos.

Malditos fans y su manía de crear mejores carteles que los oficiales.

El presupuesto es modesto y la película no cuenta con un equipo al que precedan los éxitos, ni con grandes estrellas que atraigan al público. Los nombres más conocidos del reparto son los de una afeada Lena Headey como Ma-Ma (Cersei en Juego de Tronos) y el de Karl Urban como Dredd (coprotagonista junto a The Rock de la penosa adaptación de Doom e inadvertido doctor McCoy en el Star Trek de Abrams); y de ahí pasamos directamente a la novata interpretada por Olivia Thirlby, a la que he tenido que buscar dos veces en IMDb porque me costaba quedarme con su apellido.

Sin embargo, el dinero está bien invertido, y si bien detalles como la falta de presupuesto y nombres conocidos pudieron perjudicar los resultados de taquilla (aunque no tanto como la penosa campaña de marketing, o el haber visto antes la adaptación de Sylvester Stallone), lo cierto es que no desmerecen en absoluto el filme; antes bien, lo favorecen encauzándolo de la forma más sobria y despejada posible.

¡Abrid paso a la sobriedad, hostia ya!

Precisamente una de las grandes virtudes del Dredd de Pete Travis es que cuenta una historia simple y nada pretenciosa, y lo hace de forma eficiente. Aquí no hay clones malvados ni ningún plan maestro para poner en jaque a todo el sistema judicial de Mega City 1, sino que seguimos a Dredd en un día de patrulla rutinario que por puro azar pone al juez y su protegida en una situación algo más peligrosa de lo usual, pero no por ello más significativa.

A lo anterior debemos añadir que el marco futurista apenas afecta a la pirotecnia y, a diferencia de otras obras de ciencia ficción, Dredd no pretende hacernos reflexionar sobre la naturaleza humana ni sobre las posibles consecuencias de nuestros actos, como, por ejemplo, si es moralmente aceptable domesticar a monos súper inteligentes para que nos corten el césped o sirvan el café.

Esto, por si hace falta decirlo, no significa que la película esté completamente hueca. Predominan los tiroteos y las explosiones, pero también hay pequeños momentos dedicados a los personajes, los suficientes para convencernos de que se trata de algo más que de vender palomitas.

Cruzar esta puerta representa la pérdida de la inocencia. Si cuela, cuela.

Por lo demás, y esto es fundamental, la película mola un huevo (lenguaje florido y poético el mío, lo sé).

En primer lugar, el juez Dredd es el prototipo de lo que los yankis llaman badass; un Harry el Sucio deshumanizado, estoico, cáustico, violento, duro como el clavo de un ataúd, y con el que no te gustaría encontrarte en un callejón oscuro. Su única muestra de compasión es meter 4.000 voltios en el cuerpo a dos chavales que amenazan con dispararle en lugar de volarles la cabeza, y quizá solo lo hace porque anda más escaso de munición que el equipo Bravo en la Mansión Spencer.

Para representar a la justicia sin rostro, Karl Urban se metió a fondo en el personaje, no solo preparándose físicamente, entrenando con armas de fuego y todas esas melonadas, sino superando la prueba más importante para los fans: haberse leído los cómics. Urban incluso afirma que probablemente no hubiera aceptado interpretar a Dredd si el guión le hubiera exigido quitarse el casco en algún momento. No me lo trago ni con un vaso de agua, porque a este tipo no le llueve el trabajo, pero a los frikis les encanta oír esas tonterías.

Mención aparte merece la voz que pone el actor para pronunciar sus escasas líneas de diálogo, su mejor imitación de una sierra cortando hueso, que es como los cómics describen la voz del juez Dredd y que suena algo así como un cruce entre Batman y Clint Eastwood, mitad gruñido, mitad traqueotomía mal cuidada. Inmejorable.

Juez Morritos.

En contraste con Dredd, y de forma muy inteligente, el guión de Alex Garland juega con el bagaje emocional de la novata Anderson, que es vulnerable y duda ante la administración expeditiva de justicia, apelando a la empatía del espectador, porque los aficionados al cine de acción tenemos mucha empatía de esa y tan pronto nos ponemos a gritar y gruñir como vikingos cuando dos tanques con cascos se curten a puñetazos, como soltamos una lagrimilla de emoción cuando un cuerpo se estampa contra el suelo después de una caída de 200 pisos. Somos tíos sensibles.

En ese sentido, Anderson es el único personaje que cambia a lo largo de la historia y el único que se mueve según las reglas básicas para escribir un buen guión, que exigen que los protagonistas tengan un arco de transformación y no solo que aprieten los dientes, frunzan la boca y suelten frases lapidarias.

Hola, soy rubia y tengo personalidad.

Sin embargo, y a pesar de la presencia de Anderson, tampoco es una película que intente embutirnos una lección moral acerca de las maldades del totalitarismo fascista como si esto fueran los dibujos animados del fin de semana. Es cierto que a raíz de verla, uno puede ponerse a pensar en si Dredd al final es tan malo como los propios malos a los que persigue, si combatir la violencia con violencia es un error, o si se pueden mezclar chocolate caliente y pepinillos; pero nadie nos pide que lo hagamos.

Tanto la policía novata, como el público, aceptan que no hay lugar para un proceso justo en el submundo gris y corrupto en que se ha convertido Mega City 1. La humanidad debe apartarse para que la sociedad no se devore a sí misma como una vulgar y grasienta bolsa de Cheetos. Por eso, la mala de la función es mala hasta la médula y, aunque podamos intuir su traumático pasado, no merece redención. Dredd desde luego ni se lo plantea. ¡Hasta en el tráiler se la carga!

El responsable de maquillar a Lena Headey como un esperpento sí que no merece redención.

Otro punto clave de la película es la acción, cruda y descarnada, con cabezas que se derriten, mejillas atravesadas a balazos y cuerpos aplastados en el pavimento, pero sin llegar a regodearse en esa violencia. Además, y afortunadamente, el director no cae en la clase de escaladas absurdas que culminan con una lucha a muerte en la cabeza de una desubicada Estatua de la Libertad. El final puede ser, por ello, poco espectacular, pero en ningún caso menos satisfactorio que el de otras cintas de acción de mayor presupuesto.

Y a pesar de que la ejecución de las secuencias de acción no es novedosa, sí puede atribuírsele cierto mérito al equipo creativo por el acertado uso de la cámara lenta, aquí integrada en la historia por el efecto de ralentización cerebral que provoca el Slow-Mo. Es lo mismo de siempre, pero con una estética singular y un enfoque distinto, y Dios bajo de los Cielos y dijo: "Eso es bueno".

Ahora quiero ver Ace Ventura.

Por último, si comparamos esta adaptación con la de 1995, también saldremos ganando, empezando por el tono más sucio y realista de esta nueva versión y por el propio juez Dredd.

Como adaptación del cómic me es difícil valorar cualquiera de estas películas, porque lo único que he leído de Dredd es el volumen titulado Heavy Metal, una recopilación de historietas horripilantes que representa lo peor de mi librería; pero sé que su creador John Wagner quiso realizar una sátira del fascismo policial y que el juez Dredd de las viñetas es un saco de mala leche con un único objetivo: hacer cumplir la ley a cualquier coste. Si infringes la ley, te condena, y si busca respuestas, te las saca a patadas sin importarle que tu cara acabe pareciéndose a un revuelto de bacalao con gambas.

En este aspecto, mientras que el Dredd de Urban respeta las reglas de juego establecidas en los cómics, el Dredd de Sylvester Stallone acaba rompiéndolas al llevar al personaje a aceptar que el sistema que defiende y representa podría no ser el mejor posible... y a hacerse amigo de Rob Schneider. Nadie debería hacerse amigo de Rob Schneider. Bajo ninguna circunstancia. Nunca. Jamás.

Y desde luego no se trata de que Karl Urban no se quite el casco en ningún momento para alivio de los cuatro gatos que conocen el cómic, sino de una cuestión de carácter. Al juez Dredd de las viñetas le importa un comino que seas Papá Noel si te sorprende entrando en casas ajenas; te ejecuta por allanamiento de morada y punto. Dredd no es ningún héroe. Stallone quería serlo y ahí está el problema. Y en Rob Schneider, por supuesto.

Con todo, la barbilla de Sly daba bastante el pego.

A modo de conclusión, solo quiero añadir dos cosas: la primera, que me gustan los batidos de chocolate; y la segunda, que si os gustan el cine de acción y los cómics de antihéroes que reniegan de las mallas coloridas, deberíais darle una oportunidad a esta película, porque es todo lo buena que podía ser y no os defraudará. Y si lo hace, solo dura hora y media, así que no volváis aquí luego a tocarme las narices.

Es más, os conmino, bajo pena de ponerme a cantar Colores en el viento de Pocahontas a cappella, a que compréis el DVD o el Blu-ray para que así la productora se plantee financiar una secuela. Entonces, y solo entonces, a lo mejor os obsequio con otro magnífico dibujo de Simon Bisley. No es que podáis buscarlos vosotros en Google, ¿verdad?

¿Quién es la ley? ¿Quién es la ley? ¡Tú eres la ley!

17 comentarios :

  1. Al final me quedé con ganas de verla en el cine. Aunque el precio sea abusivo sigo disfrutando del cine, me encanta oir los golpes y verlos a máxima calidad, no es lo mismo el DVD.
    Te haré caso y compraré el DVD ya que además de las ganas que tengo de verla me ha intrigado que digas que te gustó más que Los Mercenarios o más que Batman, dos maravillas del año pasado.
    Creo que ya te la recomendé pero insisto: http://www.imdb.es/title/tt0465602/ Una maravilla.

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  2. La vi hace un par de semanas y sólo puedo decir que coincido al 100 por 100 con tu crítica. Es una película de acción sin pretensiones, y precisamente ese es su mérito: cumple su cometido y no intenta aparentar lo que no es.

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  3. Yo soy el afortunado que lo vio en cine... Aunque la verdad no la recomendaría para verla en cine

    Como dices cumple lo que promete, es hora y media entretenida... Además me dio curiosidad de leer el cómic.

    Buena entrada

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  4. Coincido al 100 por ciento. Buena peli de acción que en los 80 hubiera triunfado. Planeo comprarla en blu-ray, pero aún así no creo que consigamos secuela.

    Por cierto, veo que mencionaste The Raid en la reseña, son justamente dos películas muy similares en su estructura.

    ¿Para cuándo un post con sus recomendaciones de películas de artes marciales? ¿O una reseña de The 36th Chamber of Shaolin?

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  5. Sólo por el discurso que hace y que termina con un "Ma-ma, empieza tu juicio" merece la pena la película. Se me pusieron los pelos como escarpias. Luego clave un par de manzanas en ellos para demostrar mi hombría. Es una peli muy meritoria con un reparto que hace muy bien los papeles que les tocan sobre todo las dos chicas. Ay, esa Ma-Ma disparando una metralleta más grande que ella, cuantas fantasías y que sucia tengo la mente.

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  6. Debo añadir que el 3D es de los más decentes que pululan en las películas de "acción real" (). Aunque se nota demasiado que la película está, en determinadas escenas, al servicio del 3D y no al revés.

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  7. Yo si la vi en cine... más que nada porque tenía la sensación de que iba a ser una cosa simple pero más que dignamente hecha, entretenida y carente de complejos... y que no iba a ver ni dios XD.

    Y la disfruté, vaya que si la disfrute.

    Simple y sencilla acción bien construida, con un guión que no da vergüenza ajena y unas escenas que no pretenden ser cada una de ellas la hostia en vinagre.

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  8. Mixtli1984: Quizá por el 3D merecía la pena el cine, pero es tarde para eso. ¡Tarde! ¡NOOOOOOO! Y ya lo he superado.

    q256: Excelente conclusión. Voy a plagiarla.

    Øvn¥: Lo que yo quisiera saber es si hay algún cómic de Dredd que merezca la pena.

    Jeral: Estoy persiguiendo Las 36 cámaras de Shaolin, pero necesito tiempo.

    David: No hay mucho diálogo, pero el que hay, funciona. El doblador de Karl Urban, eso sí, no suena muy allá, parece más una voz de comedia.

    Luen: ¿Qué había escrito en ese paréntesis sin contenido? ¡No puedo vivir con ese misterio!

    eter: Me acuerdo de haber leído tu crítica. No coincidimos siempre, pero intuía que ese sería uno de esos casos.

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  9. Si la película tuviera algo de humor negro (mala baba o como quieras llamarlo), sería clavado al Dredd de los tebeos. Con lo que hubiera molado una segunda parte con el juez Muerte y sus secuaces. Babeo sólo con imaginarme en imagen real la mítica escena de "Mírate en el rostro del miedo".

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  10. Mucho mejor que la narcicesca versión de Stalone. Tienes razón, de no haber un antecedente hollywodwnse clásico de una peli del "Juez", esta hubiera sido taquillera.

    La verdad Yo esperaba un vil refrito(después del 2000 han sido bastante descarados en sacar refritos de las peliculas setenteras y ochenteras); pero me sorprendió de sobremanera.

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  11. "[...] quizá solo lo hace porque anda más escaso de munición que el equipo S.T.A.R.S. en la Mansión Spencer."

    Con "equipo Bravo" te hubiera quedado más friki.

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  12. Y ahora me arrepiento de no haberla visto en cine cuando podía... A comprar el DVD.

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  13. Así es como debe hacerse una adaptación al cine de un cómic. Estoy de acuerdo que es una pena que no la hubieran estrenado en los 80 o a principios de los 90 (antes que la de Stallone).

    Parece que al final está película está recibiendo el reconocimiento que merece con las ventas de DVD y Bluray convirtiéndose en un éxito en ese mercado.

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  14. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  15. Ser amigo de Rob Scheneider debería estar penado por la ley.

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  16. De esta peli me ha gustado todo, pero todo. Desde la música hasta la ambientación, desde la interpretación de Karl Urban hasta las escenas a cámara lenta... etc etc. La única pega que le encuentro es que me supo a poco, me quedaron ganas de más. Yo creo que hace falta una secuela pero ya!
    Me enteré que la venta en taquilla había pinchado, así que me decidí a comprar el DVD, a ver si la cosa se animaba un poco (recomiendo a todo el mundo que lo COMPRE). Que conste que hacía muuuucho tiempo que ninguna peli me había gustado tanto como para dignarme a comprar el DVD.

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