20 de diciembre de 2012

Los Teleñecos en Cuentos de Navidad (1992)

Adoro a los Teleñecos. ¿Cuánto? Lo suficiente como para haber escrito este artículo dos veces después de que se me borrase y para que no me dé vergüenza tener una marioneta de la Rana Gustavo en casa colgada cabizbaja del respaldo de una silla. Ojalá supiese dónde venden sombreros y gabardinas en miniatura para regalárselos por Navidad.

Es cierto que El show de los Teleñecos nunca fue muy popular en España, y desde luego nadie quiere acordarse de aquel horrible rastafari púrpura que hacía de presentador; pero antes de saber siquiera que existiera un show, muchos ya conocíamos de sobra al reportero más dicharachero de Barrio Sésamo y, gracias a la serie Los Pequeñecos, también a algunos de sus compañeros: Miss Piggy, Gonzo, Fozzie, Rufo, Animal... y aquellos gemelos nerds cuyo nombre soy incapaz de recordar. Además, seguro que no he sido el único en imitar el famoso mee-mee-mee-mee. Alguien debería crear una página de Facebook con eso.

Después vinieron las películas. Las primeras que vi fueron La Isla del Tesoro y Cuentos de Navidad. En VHS. Compradas, no alquiladas. Quizá porque el resto no son tan buenas o precisamente porque esas dos fueron las primeras, siempre han sido mis favoritas. Ahora, teniendo en cuenta las fechas en las que estamos, adivinad de cuál de las dos os voy a hablar.

Los Teleñecos en Cuentos de Navidad es una revisión del clásico Cuento de Navidad de Charles Dickens, autor británico que, aparte de dejarse crecer una barba capaz de albergar un nido de águilas calvas, fue uno de los principales artífices del renacer de las celebraciones navideñas en Inglaterra y Estados Unidos a mediados del siglo XIX, tras el declive sufrido al comienzo del periodo victoriano. Esto es cultura. Procuraré no abusar de ella en los próximos párrafos.

A menos que hayáis vivido debajo de una roca en lo más profundo de la Tierra toda vuestra vida, la historia ya deberíais conocerla. Ebenezer Scrooge es un viejo pecador avariento que nunca celebra la Navidad. En la víspera de esta fiesta, recibe la visita de tres espíritus que le muestran aspectos olvidados de su pasado, ignorados de su presente y temidos de su futuro, haciéndole reflexionar sobre su vida y transformándolo en un hombre alegre y solidario. La mitad de este párrafo lo he copiado de otra página y no me avergüenzo de ello.

El cuento se ha llevado al cine y a la televisión muchas veces, unas con más éxito que otras, inmortalizando la obra de Dickens para varias generaciones demasiado perezosas como para abrir un libro. Mis dos adaptaciones preferidas, y que no se alejan demasiado de la obra original (en otro caso, también incluiría Los fantasmas atacan al jefe) son Los Teleñecos en Cuentos de Navidad y Una Navidad con Mickey. No solo es por la nostalgia; son buenas adaptaciones, cada una a su manera.

¿Qué es lo que más me gusta de la adaptación del clásico navideño dirigida por el hijo de Jim Henson? Veámoslo.


#1. Es una ficción benévola


Si sois padres, no hace falta que os diga que los niños más pequeños no necesitan ni quieren saber que dentro de la Rana Gustavo está metida la mano de un tío melenudo que pone voces graciosas. Esa no es una infancia que nadie merezca, sobre todo si eres la rana.

Por eso, la película prefiere mantener la ilusión desde el primer momento, y en los títulos de entrada, la Rana Gustavo, y no el titiritero Steve Whitmire, es quien interpreta a Bob Cratchit, el ayudante de Scrooge.

Es un detalle sencillo, pero fantástico y que dice mucho a favor de la compañía que fundó y levantó Jim Henson antes de que los estreptococos acabasen con sus pulmones (¿soy al único al que le consuela saber que le mataron una criaturas con un nombre tan gracioso?).

Los créditos finales, eso sí, acreditan el trabajo de los maestros titiriteros, pero, como todos sabemos, los críos nunca se quedan a leer los créditos, y los que lo hacen son psicópatas en potencia a los que conviene mantener vigilados.



#2. Respeta el literal de la obra… o casi


En Los Pequeñecos, Gonzo era mi personaje favorito. La imposibilidad de someterlo a clasificación científica, su pelaje azulado y su afición por los vuelos con capa me recordaban Coco, mi preferido en Barrio Sésamo; pero además Gonzo tenía un lado egoísta y se comportaba de forma más estrafalaria si cabe y, para mí, eso siempre ha sido un plus.

En la película, posiblemente por el gran parecido físico, Gonzo interpreta al mismísimo Charles Dickens, interviniendo cada pocos minutos como la voz del narrador omnisciente para que los guionistas puedan parafrasear pasajes completos de la novela ya desde la primera línea del cuento: "Los Marley habían muerto, para empezar".

Rizzo la Rata acompaña a Gonzo e introduce el contrapunto cómico para arrancar unas risas a los espectadores más jóvenes cuando la trama es demasiado triste o sobrenatural; pero la narración de Dickens está presente de principio a fin.

Lo que es aun mejor, al final de la película, Gonzo dice que si nos ha gustado lo que hemos visto, deberíamos leer el libro. Como ávido lector, tengo que aplaudir esta recomendación.



#3. Hay frutas y verduras cantarinas


Los Teleñecos viven en un mundo extraño en el que algunos animales están hechos de felpa, hablan y trabajan en el mundo del espectáculo. Esto es así, y asumirlo tal y como es resulta preferible a preguntarse qué diría Miss Peggy si nos viera comer costillas de cerdo.

Tampoco es complicado, porque los animales antropomorfos existen desde siempre. Hace 5.000 años, los egipcios ya pintaban gente con cabeza de pájaro.

Más raro es, en cambio, que los vegetales puedan guiñarte un ojo o conversar sobre el tiempo. Y en el pequeño universo de los Teleñecos, lo hacen. Sin embargo, a diferencia de los otros Teleñecos, frutas y verduras no conviven con los humanos como sus iguales. Al menos no en esta película, donde vemos cómo las venden en el mercado y las sirven en bandeja. Vivas. Y entonando una canción.

¿Soy al único al que le parece una idea espantosa?, porque, por mucho que lo intento, no me imagino comiéndome nada que pueda cantar a coro.



#4. Michael Caine borda a Scrooge


Michael Caine, ahora más reconocido que nunca entre los chavales por sus papeles en los blockbusters de Christopher Nolan (haceos un favor y ved El hombre que pudo reinar), personifica a la perfección las dos caras de Ebenizer Scrooge: la avaricia y la caridad. Además, a lo largo de su viaje introspectivo, tiene oportunidad de mostrar un rango de emociones que la mayoría de papeles no ofrecen: ira, miedo, incredulidad, pena, felicidad, arrepentimiento… Y lo hace con la naturalidad de un actor de teatro consagrado.

Patrick Stewart también encarnó a Scrooge en un telefilme de 1999 que aún no he podido ver y también me encanta como actor, pero no estoy seguro de cómo podría superar a Michael Caine en este papel, porque mientras que al capitán del Enterprise le dan réplica personas de carne y hueso, Caine actúa con un montón de muñecos de trapo con la expresividad de un ladrillo y, a pesar de ello, consigue ser convincente en todo momento. Supongo que esto explica que actuase tan bien junto a Tobey Maguire en Las normas de la casa de la sidra.

A lo anterior hay que añadir que en España fue el fallecido Carlos Revillase quien se ocupó de ponerle voz al personaje, y suena tan contundente exclamando "¡Mosquis!", como "¡Paparruchas!". Eso sí, sigo recomendando escuchar las canciones en V.O., lo que me lleva a...



#5. Los numeritos musicales son mejor que soportables


No me gustan los musicales. Cada vez que comienza una canción, tengo la sensación de que se está haciendo un paréntesis en la trama y de que estoy perdiendo el tiempo. Moulin Rouge, Chicago, El fantasma de la ópera… La mayoría del público adora estas películas, pero yo las tengo tan aborrecidas que aún no he conseguido terminar de verlas.

Por supuesto, hay excepciones. Así, a bote pronto, se me ocurren La pequeña tienda de los horrores, de Frank Oz (voz y titiritero de Miss Piggy y el Oso Fozzie durante años); Granujas a todo ritmo, de John Landis; Dentro del Laberinto, del propio Jim Henson; y Pesadilla antes de Navidad, de Henry Selick y Tim Burton. Por supuesto, tampoco pueden faltar en la lista los clásicos Disney, que son lo que son y deberían contar como un género aparte.

Las películas de los Teleñecos siempre han recurrido a los números musicales como parte del espectáculo. En Cuentos de Navidad, las canciones corren a cargo de Paul Williams -alcohólico en constante recuperación- y Miles Goodman -sin recuperación posible desde 1996-, y lo mejor que puedo decir de ellas es que no estropean la película ni están metidas con calzador para alargar el metraje, sino que forman parte de la narración. En particular, hay una canción que me gusta lo suficiente como para que ahora necesite un sacacorchos para quitármela de la cabeza; me refiero a Marley and Marley, que cantan a dúo los infames viejos protestones del palco. El estribillo es condenadamente pegadizo, os lo aseguro.



#6. ¡Animal!


Animal es un batería peludo, cejijunto, parco de vocabulario y más salvaje que Tommy Lee. ¿A quién podría no gustarle? Incluso estropeó a Rita Moreno su interpretación de Fever.

En la película, su presencia es casi anecdótica; pide silencio cuando nadie presta atención a Fozziewig en la fiesta que celebra cada Navidad, y toca la batería a su peculiar manera. Sin embargo, tratándose de Animal, con eso basta.



#7. Da miedo


No miedo, miedo, claro. Es decir, no es como cuando estás llegando a casa a las tantas de la noche, se van las luces del pasillo y, al volver la luz, tienes a tres metros de ti a una niña pálida en camisón con la melena negra, sucia y descuidada cubriéndole la cara y una carta de deshaucio dirigida a tu nombre en la mano. Hablo de miedo para menores de siete años.

Pese al público al que va dirigida, la cinta no renuncia a la lobreguez que desprende en algunos pasajes el cuento de Dickens, y no duda en recurrir a una atmósfera desasosegante y sobrenatural cuando hace falta, ya sea para recrear un picaporte que cobra vida, sorprendernos con la aparición de los difuntos hermanos Marley, o inquietarnos con el oscuro y silencioso vacío que es el rostro encapuchado del Espíritu de las Navidades Futuras.

Lo gracioso es que cuando Rizzo pregunta a Gonzo si no le preocupan los niños que están viendo la película, éste le contesta que no, porque es cultura. Recordadlo cuando vuestros hijos pequeños se metan con vosotros en la cama a las dos de la madrugada y tengáis que levantaros a las siete para ir a trabajar a la mañana siguiente.


Ah, una cosa más, que diría Colombo: puede que el Espíritu de las Navidades Pasadas no fuera concebido con la intención de dar canguelo, pero, lo que es yo, prefiero mantenerme alejado de cualquier cosa que se parezca a una muñeca de porcelana, sobre todo si flota en el aire.



#8. Gonzo mira el culo a Camila


Para quien no lo sepa, Gonzo está enamorado de una gallina llamada Camila. Naturalmente, es difícil distinguir a unas gallinas de otras, así que el propio Gonzo reconoce que el objeto de sus atenciones podría no ser siempre el mismo. Aun así, es un amor imperecedero.

Por eso, incluso en este clásico navideño, nos recuerdan la extraña filia de Gonzo. Solo es una miradita indiscreta que dura un par de segundos seguida de un suspirado "Hala", por lo que el gesto podría pasar desapercibido para quien no tenga todos los sentidos puestos en la película; pero el guiño es a los seguidores más fieles de los Teleñecos es evidente.



#9. Tiene una de las tomas falsas más hilarantes de la historia de los Teleñecos


Los actores que han trabajado con los Teleñecos dicen que incluso cuando las cámaras no están rodando, puedes ver a los titiriteros metidos en su papel, hablando como si fueran sus personajes. Yo creo que es es mentira, porque, a ver, ¿quién aguanta tanto tiempo con el brazo en alto haciendo el imbécil? Nadie, salvo ese niño empollón y pelota que suele haber en todas las clases.

Sea como fuere, las tomas falsas de la edición en DVD parecen basarse en esa premisa, y esto nos lleva a la escena de las Navidades futuras en la casa de los Cratchit, cuando una silla vacía y una muleta sin dueño son los únicos recuerdos que la familia conserva del pequeño Tim. No importa de que adaptación se trate, este es el momento lacrimógeno por excelencia de Cuento de Navidad.

Por lo tanto, cuando toda la familia se sienta alrededor de la mesa y Miss Piggy levanta la cabeza para decir "¿Puedo comerme su cena?", es difícil no reírse.

De hecho, este chiste, junto con el de Fiambre Tom de La Isla del Tesoro y el del flashback sobre cómo convencieron a Rufo (Rufo, Rodolfo, Rowlf... cómo se llame) para que se reincorporase al espectáculo de los Teleñecos en The Muppets, ocupa el podio de mis chistes favoritos de los Teleñecos.



#10. Transmite el verdadero significado de la Navidad


Quizá la principal razón por la que esta película me gusta tanto, más allá de las marionetas y de su comedia disfuncional, es porque me reconforta por dentro y me hace sentir bien. Tan cursi como suena, pero es la verdad. Y el efecto suele durar hasta que salgo a la calle, leo el periódico o voy al baño y descubro que estoy estreñido.

Sé que hay muchas personas a las que la Navidad les repatea y revuelve el estómago, pero sin duda serían más felices si no fuera así. A veces solo hace falta un poco de magia. Y a veces, bajar a la farmacia a por una caja de Almax®.

En mi caso, aunque hace años que no celebro la Navidad (salvo escribiendo estos artículos en Internet y gastando más dinero del habitual en caprichos sin sentirme fatal por ello), es una festividad que me encanta.

En el fondo, todos sabemos que su significado va más allá de recibir regalos, de despollarse de Su Majestad el Rey o de conmemorar el nacimiento del primer carpintero con club de fans propio. Se trata de paz y amor, de ser generoso con el prójimo y de favorecer a los desfavorecidos. Ya sabéis: esa mierda. Y esta película la transmite.

¡Y mirad qué pavo!


Lo cierto es que en casa de mis padres la Navidad tenía más que ver con escuchar a Raphael, los Tres Tenores y Boney M cantando villancicos hasta quedarse gilipollas que con paz y amor en la tierra, pero, ¿qué le vamos a hacer?, no todos podemos compartir un gigantesco pavo asado con la Rana Gustavo.

Como dijo el pequeño Tim: ¡Que Dios bendiga a todos!

Menos al señor Bóinez, que es un pagano miserable y arderá en el Infierno.

12 comentarios :

  1. ¿Scooter y Skiter podrían ser (lo digo de cabeza y desde luego ni puñetera idea de si se escribía así)? La hermana gemela se la inventaron solo para los pequeñecos por alguna razón misteriosa que posiblemente tuviera algo que ver con la escasez de personajes femeninos.

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  2. Me he quedado bastante pillado con lo de Rufo en la peli nueva. No recuerdo de qué iba aquel gag que cuentas.

    Me ha encantado la entrada, y me ha dado unas ganas tremendas de volver a ver la peli. Tanto el corto de Disney del ochenta y pico como esta peli comparten un espíritu inimitablemente lúgubre, cómico a la vez que oscuro. No tienen miedo de mostrar las imágenes más perturbadoras de la novela original e incluso añadir alguna otra de cosecha propia; ahí está la figura tenebrosa de Pete Patapalo como el fantasma de la navidad futura. Me encantan ambos, de verdad.

    Y una cosa: lo cierto es que me preguntaba si la conocerías con su doblaje latino original o con el redoblaje de Revilla hasta que tú mismo lo has dicho. El latino es bueno en el caso de los muñecos, pero cuesta muchísimo aceptar a Michael Caine (¡pamplinas!, dice) doblado como un personaje de Scooby Doo, incuso cuando conoces la peli con ese doblaje (es mi caso). El redoblaje de Revilla es mejor. Por suerte, las voces castellanas que se asignaron a los teleñecos son verdaderamente la hostia, y las pelis en nuestro idioma se benefician de ello.

    ...Aunque es un poco cutre que todo esté redoblado salvo las canciones, que siguen sonando descaradamente latinas.

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  3. Pienso igual que tú. Laa versionrs de Mickey, teleñecos y Bill Murray son geniales. Y no esa versión de Jim Carrey que no aporta nada de nada

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  4. Ya la quería ver, y este artículo no ha hecho más que reafirmarme en mi empeño. Si no ardo antes.

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  5. ¡¡Qué recuerdos!! Yo la tenía grabada del Plus... Era cine de estreno... A parte de la canción de los Marley (Tienes razón, MUY pegadiza, y la mejor), tambíen recuerdo como una canción molona la del Espíritu de las Navidades Presentes (Aunque algo ñoña... pero con ritmo). Y si, la imagen del Espíritu de las Pasadas me estuvo atormentando algunas noches (maldito cerebro mío, que recuerda estas cosas sobre las 3 A.M.) hasta el pricipio de mi pubertad, más o menos... aún hoy... a veces...
    En fin, bonitos recuerdos.
    Seguro que la echan en Cuatro o La Sexta, confío en ellos.

    Saludos

    hay un espacio comido en el segundo renglón de la parte de las frutas cantarinas...

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  6. Javier Arance López: ¡Sí!, me suena que se llamaban así. Buena memoria.

    Miguel Roselló: Ahora necesito enterarme de qué doblaje tenía el VHS, pero no tengo reproductor de cintas de vídeo. *Sob*

    Miranda: La versión de Robert Zemeckis no empieza mal, pero tiende excesivamente hacia la espectacularidad innecesaria.

    Un tipo con boina: Y luego... ¿decepción?

    Dsanzi: Las cadenas ya están a tope con la programación navideña, especialmente los fines de semana. Gracias por indicarme la errata. Nunca termino de revisar las entradas.

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  7. ¡Fantástica entrada! Me acuerdo vagamente la película, pero recuerdo que me gustó mucho.

    Por cierto, el pavo no es especialmente grande, si vieras los animalacos que venden por aquí... Mañana me toca ir a comprar uno para asegurarme de que esté lo suficientemente descongelado el día 24 para poder cocinarlo en "tan sólo" cinco horas. Sí, son así de grandes. Esperoq ue tenga tan buena pinta como el de la peli, eso sí

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  8. Deus Tipo de la Brocha, apenas ayer leí esta entrada y al día siguiente la estaban pasando por TV.
    Me hace pensar que eres como Nostradamus pero sin profecías amaneradas.

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  9. Tempus Frangit: ¡Hombre, cuánto tiempo sin verte por aquí! Espero que, aparte de currar, lo estés pasando fenomenal en al otro lado del charco y que traigas grandes anécdotas.

    Ikurec Beau: Tengo poderes mágicos. ¡Uuuuhh...!

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  10. Patrick Stewart nunca me convenció como Scrooge, me pareció muy noble.

    Y esta es una versión que no he visto, tal vez algún día la pille o repita en un bucle infinito la canción de los Marley hasta reventar. No estoy seguro.

    Tuve que sacarme el villancico de Boney M con Ma Baker.

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  11. Es la mejor adaptación de un cuento de navidad que yo recuerde y que me sepa las canciones de memoria solo demuestra eso o mi enfermedad.

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  12. La verdad es que nunca he sido muy fan de los teleñecos pero me has convencido, me apetece ver la pelicula y conocer el mundo teleñeco. La veré online y luego la pillaré en dvd.
    De las versiones del cuento de Dickens me gusta la version de Scooby Doo. Y creo que la mayoria de series han hecho alguna u otra adaptacion. Es un clasico.

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