En la cuerda floja... Disculpad de antemano el chiste fácil, pero para floja la película. Y mirad que me gusta Clint Eastwood como actor, pese a sus muchas veces criticado hieratismo. Tengo todas las películas que ha protagonizado desde que rodó
La trilogía del dólar (y también alguna anterior, como
Tarántula, aunque Eastwood ni siquiera figure en los créditos) y me habré visto cada una de ellas como mínimo dos veces. Sí, incluso
Los puentes de Madison. Estoy de acuerdo en que no es el tipo de peli que me alegra el día, pero a las señoritas suele gustarles y en mi filmoteca no hay mucho más donde elegir si quieren pasar una tarde de sofá y arrumacos. Las otras opciones que se me ocurren son
Atrapado en el tiempo y
Los locos del Cannonball, y con la segunda me da en la nariz que ya me estoy arriesgando demasiado.
En el filme, Clint interpreta a Wes Block, un policía divorciado y padre de dos hijas (la mayor de ellas su hija en la vida real, Alison Eastwood), que investiga una serie de crímenes sexuales a la vez que él mismo da rienda suelta a su lado más perverso, manteniendo relaciones con prostitutas y
strippers que acaban sumándose a la pila de víctimas y acercando al asesino poco a poco a su círculo familiar.
Suena interesante, ¿verdad? Pues no lo es.